Quién es Yo cuando digo Yo

    Hacia el final de Años de formación, el primer tomo de Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia coloca un breve capítulo titulado Quién dice Yo. En líneas generales lo que hace en él es descreer de las Literaturas del yo (aunque no esté planteado en estos mismos términos), porque dice que cuando un escritor quiere escribir sobre sí, o su autobiografía, “al elegir las palabras, ya no se trata de la experiencia vivida, sino de la comunicación de esa experiencia, y la lógica que estructura los hechos no es la de la sinceridad, sino la del lenguaje. Es decir que, el debate - de haberlo, de seguir existiendo- no es Literaturas del Yo, Sí Vs. Literaturas del yo, No. Da la sensación de que más bien las piensa como imposibles por la sencilla -no tan sencilla- razón de que cuando se escribe lo que se pone al servicio no es una confesión, ni el esbozo de una verdad pura, así como tampoco una demostración fiel de los hechos vividos, sino que se trata de una manipulación del lenguaje, de elegir palabras, de jugar con formas y deformaciones.

Anteriormente, dice Piglia, que el escritor ha adquirido la costumbre de hablar de sí mismo como si se tratara de otro. Es, además, lo que claramente hace él en los Diarios de Emilio Renzi. Si algo buscaba Piglia en esos diarios era imaginar qué otras vidas se podría haber vivido. Hablar de uno como si fuera otro. Hablar de otro como si fuera uno. Está también, por supuesto, la teoría del Doble.

 No está Piglia solo en esto. Héctor Libertella y también Roland Barthes han dicho algunas cosas que parecerían ir en la misma dirección que lo dicho por Piglia. En La arquitectura del fantasma, una autobiografía, Libertella dice que el que escribe está siempre como entreparéntesis. Esta idea no sólo recoge la de ser y no ser uno, sino también la de estar y no estar; una cuestión de ausencia y presencia de quien escribe. Libertella dice también que en ese libro escribió la autobiografía del viejo que podría haber sido. Como Piglia, sí.

Roland Barthes, por su parte, habla de él como si fuera otro. Es lo que hace, principalmente, en  el libro Roland Barthes por Roland Barthes. En el prólogo de este libro, en la edición de Eterna Cadencia, a cargo de Alan Pauls, éste dice: "Barthes acepta hablar de sí pero solo, como quien dice, por interpósita persona, a través de otros...”. Cuando se escribe, entonces, únicamente se está solo en apariencia. No es una única voz la que habla, la que dice Yo, sino que se trata de una polifonía.

Pauls, a su vez, dice que esa estrategia adoptada por Barthes de “lo indirecto” ( de hablar de sí a través de otros) abre sin lugar a dudas el camino hacia la ficción. La realidad ha sido trastocada, lo que no quiere decir que se trate de una mentira, sino de la emergencia de otra cosa

Hay una idea que recoge Alberto Giordano en su libro El giro autobiográfico, pero que corresponde a Gide y dice: “ Un artista no debía contar su vida tal y como la había vivido, sino vivirla tal y como la iba a contar”. Hay una inversión cronológica: se escribe primero y se vive después. La literatura marca la experiencia y no al revés.

 La memoria, más que reservorio de hechos, es deformadora de la realidad. El escritor que escribe su autobiografía no hace más que trampas con el lenguaje, intencional e inintencionalmente. No hay exactitud entre vida y escritura. No es posible dicha correspondencia porque la memoria es falible y porque nada engaña más que el lenguaje, que el intento de traspasar a la hoja los hechos vividos. Por eso Piglia no se cansó de preguntar: ¿Cómo narrar los hechos vividos?... Cuando no soy yo, tan exactamente yo, el que habla, podría agregarse. Lo que importa es el cómo, no tanto el qué (ni el quién).

Las LiteraturaS del Yo existen en tanto no le es posible, o no le resulta imprescindible a quien escribe, apartarse de ahí, borrarse un poco, no morir, pero sí estar y no estar. Trampear el lenguaje. Por eso Piglia descree de las Literaturas del Yo, no porque no existan (las hay, miles) sino que lo que él hace es señalar que no siempre que se dice Yo está hablando quien escribe. Cuando se puede hacer esa operación, ese paso de la primera persona a la tercera, aunque se diga Yo, se trata ya de esa otra cosa.

Piglia registró en sus diarios: "Ésa es la condición de la prosa para mí: ser otro cuando escribo, o mejor, ser otro para escribir".



Comentarios

Entradas populares