Ricardo Piglia y sus 80 años
De Piglia aprendí, intento aprender:
Que el narrador sabe menos que los protagonistas
Que para leer hay que aprender a estar quieto. Y soportarlo.
Que el escritor siempre se recluye para escribir, pero que necesita de los otros para vivir, para pensar. Y que la ilusión de reclusión sólo tiene lugar cuando se sabe que hay alguien que espera.
Que un lector es antes que nada un crítico literario
Que los locos dicen la verdad
Que lo que define a la ficción es que el sujeto que narra no existe. Poco importa si lo que se cuenta es verdadero o falso. Que qué estúpidas son esas categorías.
Que el encuentro con la literatura no tiene por qué ser un hecho asombroso ni extravagante: también puede ocurrir por el deseo de hablar con alguien, y entonces usar un libro como excusa; tener algo de qué conversar con un otro.
Que es mejor ver la vida desde la literatura y no al revés, y que así se hace un poco mas soportable el discurrir cotidiano.
Que la literatura es tanto más interesante que la persona del escritor
Que el narrador nunca debe juzgar a los personajes.
Que el estilo no está hecho de bellas palabras
Que los enigmas policiales pueden tener soluciones lingüísticas
Que la literatura no tiene su fundamento y base en la narración de historias, sino en el uso que se hace del lenguaje; extraviándolo de su uso social.
Que hay mucho por leer, pero que a veces sólo se puede releer
Y releer
Y releer.

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