Comentarios sobre En breve cárcel de Silvia Molloy

        

¿Recordar o deformar? Los hechos se recuerdan deformándolos. No son mentiras porque para serlo carecen  de la intención de hacer trampa y/o de defenderse de la realidad. Se parece más bien a la fantasía. El recuerdo es lo que puede ser y lo que gustaría que haya sido.

Es una novela pavesiana porque la protagonista dice que escribe para vengarse. Es kafkiana porque se auto-encarcela para escribir. Es dibenedettiana porque es una víctima de la espera, pero con la particularidad de ser también su artífice.  Sin esa espera cree no ser nadie, aún sabiendo que esa espera es fútil. Pronto sabe que la mujer que espera nunca va a llegar.

Con un narrador o narradora que sabe demasiado acerca de lo que ocurre y que luego advertimos que narradora y protagonista son la misma persona, Silvia Molloy usa la tercera persona para no caer, asumo, en las frivolidades del yo, para protegerse, y también para dar, deliberadamente o no, un doble juego - y el juego del doble-: quién es quién, quién es el otro, uno es el otro; escindir el yo. Usa la tercera persona para separarse de los hechos, para mirarlos desde afuera, a veces desde muy lejos y otras desde muy cerca, poniendo la lupa en ciertos detalles. Porque ese vaivén quizás sea la única manera de mirar. Asimismo, esta maniobra produce en nosotros los lectores la sensación de estar espiando algo que no nos compete. La lectura nos vuelve voyeristas.

Lo que sorprende de la escritura es que se realiza con mucha efectividad algo en extremo difícil: narrar la pasión desde la pasión misma, sostener el tono intenso y ardiente - y por lo mismo monocorde- acompañado de un estilo singular. Silvia Molloy escribe como nadie. 

        La protagonista espera para escribir y escribe para recordar. Es así que también narra sus sueños que se parecen casi en su totalidad a fragmentos de su vida. Es un homenaje a la memoria, ese artefacto siempre fallido, un tanto insolente y por demás soberano. 

Sobre el título del libro podemos decir que la cárcel es la habitación con sus respectivas  cuatro paredes en la que se sienta a esperar a alguien que nunca llega. Es curioso el adjetivo "breve". En general, se diría de una cárcel si es grande o si es chica, pero qué significa que sea breve. Debe referirse más bien a una medida temporal, a hacer un lugar en el espacio, un hiato en la cotidianidad, para encarcelarse y entonces recordar y, entonces, escribir. La brevedad es la de la duración del acto de escribir. La brevedad es la de los recuerdos vistos desde el presente. Pero también puede referir a la interrupción de encarcelamiento que produce el acto de recordar debido a que pareciera abrirse una ventana cada vez que aflora un recuerdo, como si la emoción impregnada a los hechos del pasado rompiera el hermetismo de esa habitación. A cielo abierto se escribe lo que se recuerda. 


            “Mientras espera escribe; acaso fuera más exacto decir que escribe porque espera: lo que anota prepara, apaña más bien un encuentro, una cita que acaso no se dé. Empieza a hacerse tarde”.  


¿Cuánto tiempo dura la espera?¿Cuánto tiempo es válido esperar? Son preguntas ineludibles, pero no para nuestra protagonista y narradora. Su arquitectura de la espera se rige por otras leyes porque esperar es una excusa para mantener -recordando- la llama de la pasión amorosa. Al mismo tiempo es la pasión amorosa la excusa para navegar por distintas etapas de su vida, para realizar un revisionismo de vínculos pasados como el que tenía con su padre ahora muerto y con Clara, su madre. 

Si hay algo que la protagonista espera es que el lenguaje le alcance para decirlo todo, pero sólo de lo que quiere decir, y así encapsular en las palabras las emociones vividas. Por momentos el texto transcurre con omisiones, la narradora se guarda para sí algunas cosas. Sostiene el secreto, piedra angular de la escritura. 

Este ejercicio de recordar no está desprovisto de una suerte de masoquismo porque la protagonista pareciera lamentar el paso del tiempo, sostenida en la certidumbre de que todo tiempo pasado fue mejor. Se tortura pensando en lo que ha perdido. Se figura como una abandonada. Se ve a sí misma del pasado con nostalgia, dolor y extrañamiento. Atrapada en el pasado, no deja de volver una y otra vez allí.

Aún decidida a levantarse del cuarto y marcharse, esta mujer sólo tiene en su haber esas hojas que ha escrito. Condenada a recordar eternamente, deja de escribir sólo por un tiempo, sólo por un rato, sólo para que los lectores podamos respirar.  



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