Baldío de Víctor Villagra

Texto leído en la presentación de Baldío de Víctor Villagra. Editado por Paquidermo Ediciones
20 de julio de 2025
Centro Cultural Plaza Abierta
General Roca - Fiske Menuco 


Tres comentarios sobre Baldío de Víctor Villagra. 


Decido separar este texto en tres secciones, tal como se fragmenta el libro.


       1)- Al terminar de leer Baldío, lo primero que pensé fue en el contraste entre la sobriedad del título y la potencia de su contenido. ¿Qué es un baldío? Algo vacío, seco, muerto, abandonado. A veces puede crecer algún tipo de vegetación silvestre, alguna maleza... Pero en todo caso es sin querer, pura tozudez de la naturaleza. 

Los poemas de Baldío, en cambio, no son vacíos, en todo caso, hablan del vacío. No son muertos tampoco, en todo caso, hablan de la muerte. Mucho menos son secos, más bien, son húmedos, como si al leerlos alguien respirara cerca nuestro. 


El primer segmento del libro comienza con una cita de la poeta Blanca Varela: 

“y de pronto la vida en mi plato de pobre”. Es desde este comienzo que el significado primario de baldío se trastoca. De la nada, emerge algo. Repito: “y de pronto la vida en mi plato de pobre”. 

Pero continuemos con el primer poema que da inicio a esta sección y al libro:


“Crece la cicatriz queloide semejante a la tierra siendo rajada por el tallo naciente de la semilla que se abre e interrumpe el relieve”.

 

Pareciera que en el baldío del poeta sólo pueden brotar semillas, florecer palabras, infancias, poemas. No es sólo la tozudez de la naturaleza, hay un cuerpo, hay búsqueda, hay cicatrices. Como escribió Ludmila Cabana Crozza en el prólogo: “Baldío es potencial”. Yo agrego: baldío es pura tierra fértil. 


2)- “A veces me vengaría de quererte” con esa cita de la española Irene Solá comienza la segunda sección. Me detengo en la lectura de un verso; lo repaso no una, ni dos, sino tres veces. Ese verso es el siguiente:


“Escuchemos nuestros órganos crujir como madera que se incendia”


Órganos crujir. Es eso lo que me resuena porque entonces reparo en ese modo de hablar del cuerpo que se repite con insistencia en la mayoría de los poemas. Se habla del cuerpo pero casi nunca como una unidad. Más bien se habla de partes del cuerpo: boca, garganta, la piel de los talones, la punta de la lengua. De igual manera aparece aquello que se ama del cuerpo del otro, de manera aislada y apartada, como un objeto que brilla entre todo lo demás.  


“Aquella forma cóncava continuación de tu cuello… ”, dice un poema para referirse a la nuca. O pequeño templo tu boca abierta”, dice otro que va más allá. 


Y también, están los sentidos, segmentados, uno a uno. Cuando se mira, sólo se hace eso. Cuando se toca, no hay lugar para nada más. 


3)- La tercera y última parte de Baldío es presentada con una cita de la poeta norteamericana Louise Glück, que dice:


“¿Ves cómo esto ha adquirido peso e importancia desde que abrí la boca?”


           Esa frase nos habla directamente a los lectores y para ese punto de la lectura ya estamos sumergidos y afectados: ya conocemos el peso y la importancia de lo nombrado. Y al mismo tiempo sabemos que nos acercamos al final. No obstante, como si la construcción del libro fuese en sentido contrario a la cronología de la vida, aparece el pasado narrado desde el presente: nos topamos con la infancia y con el baldío.

                Ese primer poema contiene el siguiente verso:


“Enfrente de casa hay un baldío que es como una selva barrial, nunca nos atrevimos a entrar. ¿Quién en su miedo infantil intentaría entrar al Hades?”


            Es que el baldío, ya lo hemos dicho, es el punto de partida. Hablar de él es como hablar de la infancia: ese espacio donde todavía nada ha pasado, pero donde algo puede pasar. Es eso que se mira de frente, con miedo, pero con un miedo que se parece más bien al deseo. A medida que se abre la boca, como expresa Glück, ese baldío empieza a florecer y con él empieza a aparecer el cuerpo, a construirse parte a parte y ser ese campo de batalla donde todo se quiere conquistar.

            Es que en ese baldío, en donde parecía no haber nada, ahora empieza a aparecer todo lo que importa -y lo que siempre importó-: mamá, papá, los hermanos, los amigos, el barrio, el amor y el miedo.  

Al terminar de escribir esto, vuelvo a pensar en lo que dije al comienzo. La sobriedad del título en contraste con todo lo demás. Y es que allí está su potencia; lo que se nombra bajo esta palabra tan seca, tan vacía, en realidad tiene mucho que ver con la vida. Hubo que desmembrarlo todo y mirarlo de cerca, detalle a detalle, órgano a órgano, para construir todo de nuevo. Y para construirlo mejor.


Ph @juanodos


Ph @juanodos






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