Fragmentos

Se acomoda el cuerpo, se lo ajusta a la silla. Se truenan los huesos de las manos y del cuello. Se aprende prematuramente que escribir es nunca estar lo suficientemente cómodo. Se lo aprende enseguida, ni bien se instala uno en ese deseo. En el de leer. En el de escribir.

<El cuerpo es una compañía molesta a la que no es posible echar>. 

La noche avanza par-si-mo-nio-sa-men-te y, como si el día recién empezara, pide cosas; bailar bajo su luz tenue, en su privilegiado silencio. Ilusión de estar solo en el mundo.  Pide, la noche, lectura. Pide palabras. Trazos más o menos torpes. 

Se lee a Silvia Molloy como se lo podría hacer cualquier otra noche, todas las noches, toda la vida. Cada noche, sin embargo, única. Inquieta el carácter pulsional de la noche. Se escribe noche muchas veces para ver si entonces así se la entiende. 

En Citas de lectura Silvia Molloy habla de la pose de leer. Dice: “No sólo me identificaba con lo que leía sino que lo representaba: leer era actuar y actuar era ser yo”. Siempre quiso que se la viera con un libro en la mano. Pero no era sólo eso, una pose. Leía y sí que leía y lo hizo hasta que murió, hace menos de un año. Llamativo aunque esperable que hasta el cuerpo se encuentre involucrado en eso que se quiere ser y se es. Consagración total. Teatro del deseo. 

Ser lo que se quiere ser (con la vergüenza que implica la autodesignación) conlleva sacrificio. Aprender a estar sentado y soportar estar cansado; otras cosas que prontamente se aprende. Dormir la siesta; eso que está desde casi siempre perdido. 

En una entrevista al escritor roquense Alejandro Ponce, dice: "Durante años resigné la siesta por este hermoso vicio que es la escritura; en el Café 43, hasta la hora de abrir mi negocio, escribí dos novelas". 

Aparece la idea de renuncia. Insiste la de vicio. 

Alan Pauls, en Trance, escribe: “Descubre muy temprano que nada le importa más que leer. Lee todo lo que puede, lo que encuentra. Lee hasta lo que no entiende”. Consagración que no ofrece explicación alguna. Tomado, asido, aprehendido: la literatura como metástasis. 

Marguerite Duras en Escribir: "En aquel periodo de mi primera soledad ya había descubierto que lo que yo tenía que hacer era escribir". Imposibilidad de ignorar lo que se sabe. El cuerpo no es un templo, es un oráculo. 

La noche empieza a repugnar y extenderse en ella es peligroso. Nadie quiere amanecer medio zombie, medio idiota. Se comprende que andar a medias tintas durante el día será uno de los precios que se paga por ese despliegue de placer en donde nadie, salvo la noche, pide nada. Porque dormir es la norma. Los que piden de día, de noche no existen. Figuran como muertos. 

Esto, que no tiene que ver con el insomnio, tiene que ver con una elección; un instale en el tiempo pausado de la producción masiva para, paradójicamente producir otras cosas; esas que llenan de sentido la vida de los que no duermen.

Dormir, se puede, se podría, pero no se lo quiere hacer. 

Algo más sobre la noche:

"No siempre

que la casa duerme,

duermo.

A veces, en la noche,

soy como un trompetista

con los ojos abiertos". 

Héctor Viel Temperley 

También; 

"En nuestra noche no alcanza el mejor baúl de disfraces,

somos lo que somos

y eso es lo que espanta" 

José Sbarra. 


La noche avanza, verdadera. 












Comentarios

  1. Me encantó! Y añoro cuando pocos compromisos me esperaban a la mañana y podía quedarme hasta la madrugada leyendo!! Hermosos fragmentos

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  2. Muy bueno, me sentí identificada con [Aprender a estar sentado y soportar estar cansado; otras cosas que prontamente se aprende... ] El día a día para mi.

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  3. Que lindo esto. Esperando nuevas publicaciones. Un saludo!

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