Mi noche triste
Y ahora alguien va a tocar la puerta y los dos se van a mirar porque saben que no esperan a nadie, así como que no es horario habitual para recibir visitas. Ella va a sostenerle la mirada porque sabrá que es cosa de hombres abrir la puerta a esas horas. Y entonces él agarrará el viejo trapo para secarse la trompa, luego va a tomar un trago de la bebida fresca color naranja que le sirvió su esposa y se va a dirigir hacia la puerta, agarrando de pasada el rifle. Y ahora, ella, silenciosamente y sin dejar de seguir con la vista los pasos de su marido, va a apoyar la cuchara en el plato, se va a secar la trompa con el mismo trapo que su marido y luego va a patear suavemente al perro que va a intentar subirse a la mesa. Y ahora se va a escuchar a él decir “Digaaaaaaaaaaa” mientras va a levantar el rifle apuntando hacia la vieja puerta de madera. Y después de eso nadie va a responder nada. Y él va a decir nuevamente “DIGAA”, más fuerte pero más corto, y ahora ella se va a levantar de la mesa y va a amagar a meterse debajo de ésta, pero entonces se va a sentir algo así como exagerada y resolverá agarrar el cuchillo sucio y luego empezará a temblar. Y en la radio seguirá sonando el mismo tango que antes, que ahora está por decir: “Siempre traigo bizcochitos pa' tomar con matecitos como si estuvieras vos. Y si vieras la catrera como se pone cabrera cuando no nos ve a los dos”.
“Debe ser el hijo del peón” va a decir ahora él, “que le gusta hacer de chistoso” va a continuar diciendo él. Y retrocederá sobre sus pasos, y va a dejar el rifle en el mismo lugar de siempre. Se va a sentar en la mesa y va a tomar un trago de la bebida fresca color naranja y después va a secarse la trompa con el trapo. Y ella va a decir “ Yo vi una sombra muy grande en la ventana” y ahora va a tomar un trago de bebida naranja y él no va a responder nada. Y ella va a continuar diciendo: “Digo, como para ser la de un niño”. Y ahora su marido de nuevo no va a responder nada y ella retomará diciendo “parecía más bien la de un hombre con un sombrero”. Y él va a levantar la cabeza de encima del plato frío y la va a mirar a ella fija y seriamente, casi con bronca y va a parecer que va a quedarse otra vez en silencio, pero entonces dirá: “¿No sabés que las sombras siempre son más grandes?”. Y en la radio el tango va a estar terminando y ya va a estar por cantar: “Para mí ya no hay consuelo y por eso me encurdelo, pa' olvidarme de tu amor”.
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