Soy el narrador, el hombre que narra.


 

"Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
Gracias doy a tus aguas porque en ellas
mis brazos todavía
hacen ruido de alas"
HÉCTOR VIEL TEMPERLEY

"Narrar es como nadar"
CESARE PAVESE

Podría haber muerto fácilmente si la naturaleza, o el azar, hubiera decidido redireccionar el rayo y hacer que descienda sobre mi cabeza. En cambio, explotó a mi lado y del susto tracé un rayón inintencionado y la taza de café salió despedida por el aire. 

Me gustaría dar detalles del presente, seguir contando lo que está sucediendo, lo que estoy viendo ahora mismo, pero: ¿es eso narrar?, ¿describir la lluvia caer?, ¿decir tengo hambre y que voy por ello?, ¿hablar de cómo me mira mi perro, asustado?, ¿quejarme del café frío y volcado en la mesa y luego pensar una metáfora  con eso?

¿Es eso narrar? ¿Permanecer bajo la lluvia para ver qué pasará esta vez de distinto a todas las otras miles de veces que ha llovido, y registrarlo? Si narrar es eso, en todo caso, ¿Cómo se hace? ¿Cómo narrar el presente inmediato? Y también: ¿qué tiene sentido que sea narrado?

¿Narrar cómo podría esquivarse el rayo con la mano? O ¿Narrar es tapar un hueco con la mano? Acaso, ¿escribir no es eso? ¿Tapar un hueco con la mano hábil?, ¿esconder el vacío en las palabras? Ardorosas palabras de derrota. ¿Es eso escribir? Escribir, sí. ¿Y narrar? ¿Anotar un puñado de pensamientos repetidos que insisten incansablemente?, ¿llevar las obsesiones al paroxismo?, ¿hiperbolizarlas?, ¿hacer un pacto con el silencio? (¿Pero qué puede dársele a cambio?). 

Puedo contar sobre la vez que soñé que mi nona moría y la veía en una habitación en la que todo era blanco menos su pelo, que ella estaba viva pero yo comprendía que si estaba soñando eso era porque había muerto. La muerte como un espacio en blanco; la vuelta a la tábula rasa. La tábula rasa es la demencia de mi nona, concluyo. Pero ¿eso es narrar? ¿Llenar el espacio blanco y confiar en que alguien evitará que caiga al piso y que finalmente las pisotadas indiferentes lo borren?  

¿Será que narrar no es otra cosa que revolver viejos cajones?, ¿hurgar en los intersticios poblados de telas de araña, de polvillo, de olor a naftalina y a pis de gato?, ¿en bolsillos rotos, puertas clausuradas y desconocidas? ¿Será limpiar espejos con la mano para ver qué hay en nuestras espaldas, y a cambio ver el cuerpo notablemente distorsionado, el rostro sucio de tanto buscar? ¿Será equivocar nombres por otros?, ¿soportar exponer las lagunas de la memoria?, ¿nadar en ellas? 

¿Eso es narrar? ¿Sentir que la vida ha sido tomada demasiado en serio desde muy pronto? ¿Narrar es servirse de la infancia, esa que siempre se está perdiendo, y del cuerpo perdido, ese que siempre se desea volver a tener? ¿Narrar es mezclar la vida que se tiene, que se tuvo, con las ajenas, las fantaseadas, las distorsionadas, las envidiadas y las impensadas? ¿Narrar es hacer un experimento con la experiencia?, ¿estrujar las verdades inventadas, sacarles algo y ponerles otras cosas como en un laboratorio de pura vida humana?

¿Este extraño artificio es narrar? 


La tormenta cesó y ahora que el silencio parece más silencio que antes y que el pasto luce más verde que antes - y brilla como si alguien lo hubiera lustrado-, pienso en las bondades de la lluvia. Con el tamaño de las avellanas, las gotas lo cubrieron todo. Como si los truenos las hubieran hecho vibrar, zigzaguearon hasta su caída ofreciendo un efecto delicado y prolijo que desentonó con el estruendo total. Fueron breves, pero fueron puras. Lo  limpiaron todo. Cambiaron el ritmo del día, lo partieron en dos. 




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